Leer | Filipenses 2.1-11

La humildad se caracteriza por una actitud que no busca su propia exaltación o reivindicación. Esta cualidad no se encuentra, sin duda, en todo el mundo. Pero en el reino de Dios, es un atributo esencial que deben tener los seguidores de Cristo.

La vida de Jesús es el ejemplo perfecto de lo que significa ser “humilde”. Para convertirse en hombre, dejó la gloria, la majestad y el poder que eran suyos en el cielo. El Señor se vació voluntariamente a sí mismo —así como se vacía un vaso de agua— y por el propósito de servirnos se privó de todo lo que tenía con su Padre.

Leer | Mateo 11.28-30

Jesús vivió sus días terrenales con un espíritu humilde, y enseñó que también debemos demostrar humildad. A los ojos de Dios, quienes se vuelven como niños son honrados (Mt 18.4); quien desee ser el primero, debe tomar el último lugar (Mr 9.35); y el servicio humilde es una señal de elevación (Mt 23.11). Con sus enseñanzas, nuestro Salvador cambió la definición de grandeza. En el cielo, la mansedumbre es un atributo de honra.